
Los mirmidones, destacados combatientes en la guerra de Troya, que eran
comandados por Aquiles, procedían de un pueblo de Tesalia,
región de Grecia continental ubicada al sur del Olimpo sagrado y
a orillas del mar Egeo.
A los mirmidones están asociadas varias leyendas de la
mitología griega, como la Manzana de la Discordia, que
causó indirectamente la guerra de Troya, y la de la princesa
Clítoris, quien era tan bella pero tan pequeñita que Zeus
para poder hacerle el amor debió convertirse en hormiga.
Una de las más difundidas versiones acerca de por qué se
les llamaba mirmidones, indica que se debía a que eran muy
pequeños pero tan laboriosos como las hormigas. Por eso los
habitantes de las comarcas vecinas los llamaban mirmidones, que en
griego quiere decir hormigas.
Otra versión propiamente mitológica cuenta que la diosa
de la justicia, Atenea (Minerva en la mitología romana), por
compasión hacia los hombres les donó el arado para
facilitarles el trabajo del campo y que aumentaran la producción
de alimentos. Pero un día una joven muy inteligente pero
igualmente engreída, cuyo nombre era Mirmex, le agregó
una reja al arado donado por Atenea y se jactó por eso de que
había sido ella la inventora de aquel maravilloso instrumento de
labor agrícola.
Atenea castigó a Mirmex convirtiéndola en hormiga.
Después Mirmex parió a miles de hormiguitas a las que
Zeus convirtió en seres humanos, a fin de atender un ruego de
Eaco, su hijo, quien fuera abuelo paterno de Aquiles y el primer rey
del pueblo de los mirmidones.
Otra versión del mismo mito indica que lo que pasó fue
que Atenea no sólo convirtió a Mirmex en hormiga, sino
que exterminó a casi toda la población de ese lugar, por
medio de una terrible hambruna. Entonces Eaco fue al templo del gran
Zeus, su padre, para rogarle que corrigiera aquella inmensa injusticia
con su pueblo que había cometido Atenea.
Zeus fue al lugar de los hechos y vio que en aquel lugar los
únicos seres vivientes que habían eran las hormigas, las
que laboriosamente cargaban sus alimentos y se afanaban en las diversas
colonias u hormigueros que tenían allí. Y decidió
Zeus transformar a aquellas hormigas en seres humanos, pero debido a su
procedencia quedaron muy pequeños. De manera que para compensar
su baja estatura, Zeus los hizo fuertes, laboriosos, valientes y
aguerridos.
Otra variante acerca del origen de ese pueblo legendario, refiere que
un personaje mítico llamado Mirmidón, hijo de Zeus y de
Eurimedusa o Eurínome, fundó el reino y la
dinastía de los mirmidones, sobre quienes andando el tiempo
reinarían Eaco y Pelos, el padre de Aquiles, a quien su madre,
Tetis, para hacerlo inmortal lo sumergió recién nacido en
las aguas de la laguna Estigia. Pero como Tetis sostuvo a Aquiles del
talón, ésta fue la única parte de su cuerpo que
quedó vulnerable y allí se clavaría la flecha de
Paris que le quitaría la vida, al final de la guerra de Troya.
Pero todavía hay una versión más sobre los
mirmidones, atribuida a Estrabón, un historiador y
geógrafo griego que vivió a finales del siglo I antes de
Cristo y comienzos del primero de nuestra era. Estrabón
habría escrito —se dice que no se conservaron sus escritos
históricos, sólo los geográficos— que los
mirmidones eran llamados así porque para limpiar y labrar la
tierra donde vivían, que era muy árida y pedregosa,
formaban largas filas retirando las piedras, de modo que
parecían hormigas y por eso la gente vecina los llamó
mirmidones.